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El olvidado poeta Manuel Moreno Jimeno dice en un poema Somos libres, seamoslo siempre - el poeta arequipeño  
Manuel A. Rodríguez ofrece su Canto a Arequipa, seguido de un soneto que se acerca a la perfección.  

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Somos libres

Manuel Moreno Jimeno

Somos libres
Es el sol
Las sombras desgarradas

Cunde el sol
Y hay conjuración de llamas
Porque a las estrellas más nítidas
Las que en los ojos relampaguean
El corazón les abre paso

Y aquí están los días purísimos
Proclamando sus auroras en la sangre
Y su reino perpetuo de lumbres en la tierra que nace

2

Somos libres

Y el amor resiste la destrucción implacable
Las corrosiones que avanzan y avanzan y roen los adentros

Buscando las raíces
El hueso diminuto
Los vestigios mismos de la sangre

Con saña ferocísima aniquilan
Y anegan todo

Pero ahí está siempre el porfiado ruiseñor de fuego
Saltando de rama en rama de los cuerpos inmolados
Su canto alígero de ternezas y de rayas
Advierte insistente que en los pechos aún vive

3

Somos libres

Y el tiempo vuela
Abre brechas en la piel y no duele
El tiempo abatido sin pies ya no abre fondos
El tiempo innumerable casando con la vida inextinguible
En los círculos de fuego
Inseguro
Cae

Ahora es sólo la palpitación vivacísima
La profusión fulgurante
De ardientes despiertos sueños
Y de albas

4

Somos libres

Y evidentemente todo el mundo se abre
Y a la verídica historia nacemos
Perdidas transiciones retrocesos y todos los desastres
Porque corazón y manos son estrellas refulgentes
Que ahora nunca más se ahogarán en sangre
Y hay que ver a la muerte que agoniza
Quebradas y hundidas sus negras alas

Así es la libertad
Clavada adentro
Que aflora en llamas en iris de hermosura
Cuando se entreabre la sangre

Somos libres
Seámoslo siempre

  CANTO A AREQUIPA

  Manuel A. Rodriguez

En la quietud denegrida de una lenta madrugada,
el estanque de ojos verdes guiña su verde mirada...
Los prados entumecidos soñando están. Amanece,
y un jazminero que sueña desde su sueño florece.
Sopla el gallo entre las sombras su destemplada corneta
rajando el cristal del viento con estrepitosa grieta.
El campanario, a lo lejos, parece un fantasma blanco
arropado en la neblina que sube desde el barranco.
La carcajada de un pavo contesta al mugir de un toro,
y en la crencha de una loma clava el Sol su peine de oro.

Despierta la tierra púber con morosidades de hembra,
toda gloriosa de trinos, haciendo estallar la siembra.
La alfalfa de tonos glaucos descubre un mar que va lejos,
luciendo locos regatos de fugitivos espejos.
Partido en dos está el valle por inmenso escalofrío
que le produjo hace tiempo la puñalada del río...
El Chachani de anchas faldas y el Misti de belfos rotos
guardan cautelosamente los futuros terremotos.

Bajo la luz turbulenta de un estío paisajista,
el cielo curva fastuoso su cúpula de amatista...
No fue leyenda el pasado de este subsuelo volcánico:
su historia es como una bala llena de pólvora y pánico.
Aquí se hicieron cañones del metal de las campanas,
para encauzar los desbordes de lavas republicanas.
Aquí las turbas pasaron por las calles, vocingleras,
haciendo escombros las casas para parar las trincheras.
Aquí doctores serenos, con un lenguaje bizarro,
dictaron leyes sapientes y prepararon motines;
aquí nació el hombre de oro: don Javier Luna Pizarro;
aquí nacieron los Quimper, los Pacheco y los Martínez...

Aquí nacieron los hombres de pensamiento y acción,
los que en la trágica lucha supieron vencer y amar;
aquí están los santos manes de García Calderón;
aquí está la Patria Libre que hizo un trovero: ¡Melgar!
Aquí los frailes humildes dieron ciencia y dieron luz,
ardiendo en cívicas ansias que les encendió las sienes;
por eso el Deán Valdivia me parece un arcabuz
y un Ateneo el cerebro del mendicante Calienes...
Aquí está la gran pradera, la almáciga de hombres sabios,
el numen de la República y el fósforo vivero;
aquí lactaron su ciencia los enardecidos labios
de dos hombres de la idea: Garaycochea y Rivero...

Aquí en los dias caóticos de la hegemonía hispana,
junto a las gogueras áulicas se alzó el criollo penacho,
siendo un racimo de truenos la Academia Lauretana
y un relámpago inquietante la figura de Corbacho.
También Bolívar, el Genio, pisó esta tierra violenta;
y para invitar al baile que las abuelas le dieron,
con pedazos de quincalla, Ibáñez hizo una imprenta...
Tal es la historia sucinta de aquellos tiempos que fueron.
El Sol que lento ascendía, se ha puesto en el meridiano;
parece un tesoro inmenso que está cerca de la mano.
Muerden el perfil del monte rebaños de nubes plomas
y tijereteando el viento pasa un vuelo de palomas...
Para mí la Patria cierta, de las futuras hazañas,
está en este cofre verde que vigilan las montañas.

Aquí, respirando ancestro, se fotjó mi loco empeño;
yo no he nacido peruano; yo he nacido arequipeño.
Mi cuna es este recinto de guerreros y poetas
que supieron tener juntas la lira y las bayonetas.
Esta es la entraña fecunda que está gestando ¡Cuidado!
El Porvenir que ya nace es hijo de un gran pasado...

Loca de Sol y de ensueño, mi tierra es mística y brava;
tan libre como tan bella que a todo amor se anticipa;
tiene migaja de huerta; tiene su sangre de lava;
y se perfuma la boca cuando se dice ¡Arequipa!

		BLASFEMIA



           Manuel A. Rodriguez  



	Madura, fermenta, procrea,

		sé fruto,

		sé idea;

	que un bárbaro Dios absoluto

	te sigue en la sombra, te embruja,

			te acecha,

			te empuja,

	luego te monda y te cosecha,

	te despilfarra y te derrota;

	y todos sus anhelos presos,

	cuando tu carne esté ya rota,

	serán los cuervos en derrota

	sobre el residuo de tus huesos...

			Y un día,

	de tu viviente geometría,

	nada te quedará, pobre hombre!

	ni huesos, ni polvo, ni nombre,...

OBSESION

Manuel A. Rodríguez

Las cosas en la noche tienen miedo:
yo tengo un miedo negro de las cosas.
Cuando voy por las calles, misteriosas
sombras no puedo atravezar, no puedo...

Las baldosas son lápidas de fosas;
y un poste del telégrafo es un dedo
que me enseña el luminoso enredo
de los astros, como albas mariposas.

Por eso, nada más, busco lo blanco;
por eso tengo mi ruinoso banco
donde sentarme al linde del camino,

para mirar con cauteloso aplomo
las bajas horas del pasado, y como
la luna hila su lana sobre un pino.

LOS BAILARINES

Nelson Castañeda

Los que sosegados entregan el cuerpo,
al lascivo y ondulado movimiento.
Las bailarinas que hacen retemblar los brazos,
y como si de arrancar la cadera se tratara.

Los bailarines,
que bailarán hasta la muerte,
en noches tristes
bailan alegres.

AURELIANA

  Mapy Kruger

Aureliana
Bañada de
Estrellas

Me suenas a
Mundo
A victoria
Del tiempo

Tu vestido de
Espuma
Te espera
Colgando
En la punta
Del mar

Aun rompen
Las olas
Tus botes
A vela

Aureliana
Dame tu
Risa
Tu fuerza en
Combate
Tu amor por
Mañana

Aureliana
Belleza del mundo
Victoria del tiempo.

BREVE IMPRESION DE SALAMANCA

Héctor Ñaupari

Apareces invicta en las mesetas.

Ni siquiera la lluvia pedregosa ciega a quien te observa.

Tampoco el aire que parece quebrar el espacio que crean tus calles discretas
invadiéndolo todo, como un amor encontrado tras décadas
de dolorosa búsqueda.

Y es que de tanto escuchar el filoso repaso de las páginas de libros y volúmenes,
de tanto saber acumulado que desafía al polvo y al olvido,
tú misma, pálida ciudad, no te has abandonado a la humedad que reverdece la piedra
de tus edificios infinitos,
ni a la perturbación de las mareas, que traen exiliados y náufragos de lejanos confines,
y solo transcurres calma entre ellos,
como un tornado contenido en una bóveda de cristal


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