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Mario Razzeto en su poema "Otoño", nos dice: la patria es una palabra guardada en el corazón.  
Luis Valdés Pallete, en el poema "Esperanza", se dirige al pequeño hijo   
PAGINA DOCE  




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		       OTOÑO

						

		     Mario Razzeto	



	Himnos enlutados entonándose bajo un sol de ambar

						muerto

	ante los muros derruidos del otoño, manifiesto amigo

	de la soledad, hoy que la patria es una palabra

	guardada en el corazón, el amor una página borroneada

	y la vida

	un juego macabro, un barco carenado, una sentina

	de espejos empañados.  Los antiguos

	incineraban bestias a sus dioses, solían negociar con

						salmos

	su futuro.  Yo solo tengo algunas cartas, viejos poemas,

						una foto

						descolorida

	en donde una delgada muchacha parece sonreir.  Si yo

						pudiese

	incinerar a la melancolía, si al menos yo pudiese

						destruir

	los rumores rondándome el pecho por las noches

	como un cascabel de barro, si pudiese empujar un poco

						el tiempo,

	hacerle camino al invierno, expulsar las trenzas del

						otoño,

	romper sus alas renegridas, desterrar su largo

						deterioro,

	cogerlo por las astas, invariablemente desterrarlo

	a la frontera del sueño.



	Tu modorra, voraz otoño, tu mórbida modorra

	ha varado medusas por las orillas de este día, detritus

	fatigado, conversaciones en voz baja, sombras

						desteñidas.

matrimonio de la dulce maru y su
hermoso okobín cuidador de odres

César Toro Montalvo

cuando cruzo maru oh tu ciudad riquimada en mil manzanas
me enredo en tu barrio de la esquina
me pongo a silbarte
la balada del cheyenne montado en un carnero negro

me encuentro maru con que estás
colgada encima de los nísperos contemplando a okobín

volabas graznando con tu taza de begonias
en la mano y te veía parada en el establo
subida al techo
con tu listón mostrando las uvas de fragoroso terciopelo
y saltabas luego
por encima de tu catedral de agujas y florerones
y se enredaba tu vestido
encima de mi mano (vestido hecho con enredo de agujeros)

y te traía a mi mesa acompañando a mi madre
y te llevaba a mirar las batallas perdidas de mi hermano

y te seguía corriendo hasta el sena
tocando los tambores con las gotas de nylon que caían
de tus labios y te traje en mi caballo alakur
con tu cuerpo de colores hacia lima

ay dios te dije

y okobín se peinaba y te borraba las primeras pecas de amaranto

ay dios te dije

y okobín te peinaba las manos y te traía a new york
en una tarde de carnaval cubriendo tu rostro de bolas y boroboles

ay te dije

y okobín rompía el último milagro de tu boca a su pecho
casándote por cuidarte los odres montado en un carnero negro

DOS POEMAS DE:
   Luis Valdés Pallete

	Canto Primero



		     PASION 

		     POR 

		     LA 

		     EXISTENCIA

			



		      - I -

Tengo una cita
con Cristo
a la hora veinticinco
los nervios se me engastan
en la piel.

...........................
Ir a la cita con Cristo
a la hora veinticinco
es ya no sentirme carne
es escupir sobre el tiempo
es cincelar mi rostro
hasta lograrlo eterno.

Mandar la cita al infierno
es un hálito sexual
pasión de hembra
oliendo a luna
es alba de manos turbias
coronando con sus senos
otro pecado inmortal
sobre mis hombros
mañana.

Lo sé lo sé
moriré esta noche
abrazado del pecado
resucitaré mañana
para poseer la aurora
y cuando ella se oculte
tras el tímido crepúsculo
escribiré versos
de resurrección
de muerte

Prefiero hacerme semen
o ensueño
o ser cada vez más tierra.

Buenas noches placer,
te ha esperado
mi pluma
te ha extrañado
mi agonía
ha entonado un salmo
mi mortalidad.

Te contaré,
tengo una cita con Cristo
a la hora veinticinco
y he decidido
no ir.

ESPERANZA

Pequeño hijo:

La vida
no es saberte hombre
igual o diferente
a los demás.

No es saberte en casa,
buenos días madre
papá no tarda en venir
Toñito rompió el florero.

La vida
hijo
es la muerte que orgullosa
nos espera
detrás de la batalla.

La vida
hijo
es la de tu hijo
leyendo tu nombre
en la historia nuestra
de su libertad.

	  VIEJAS PENAS EN UNA SACRISTIA



		Carlos Wertheman



	Para ti no existía la vulgata que valga

	Tu fe era ardiente

	Que buscaba lo más puro



	Tus ansias de latinista casi extinto

	Se dibujaba tras tu sonrisa

			Y tus pobres dientes

	Las colegialas que la recibían en las mañanas

				Estaban lejos

	Pero tan al alcance de tu mano

	Tan de cerca de tu habitación

	Que alguna vez pensaste en mostrar a alguna

	Tu colección de estatuillas de oriente

	(amadísima herencia materna)

	o tu vieja Biblia latina

	bendecida por algún papa sonriente

	tan grande y pesada que ya no puedes mover

	de ese atril que un abuelo trajo de Sajonia



	también reprimiste el deseo de mostrar

			tu vieja cama de patas en garra

	tan europea y rancia como tu quisiste ser

	y alguna vez una te vio sin el cuello duro

	y vio tus arrugas y te sonrió



	hacia ti no habrá malicia

	(la sotana tiene sus ventajas)

	pero no habra nunca colegiala a quien mostrar

	tu viejo pene reseco


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