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En esta página el lirismo de Yolanda Westphalen, la poesía amorosa de Jorge Espinoza Sánchez, el dramatismo de  
Mamani Macedo en poemas del hombre y las circunstancias, el hombre y la naturaleza. Finalmente está    
Armando Arteaga, uno de los más connotados poetas de la generación 70, influenciado   
por la "beat generation" : el hombre siempre está en busca de un destino  
PAGINA OCHO  


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DOS POEMAS DE:
   Yolanda Westphalen

      MARINA

El amanecer se agiganta sobre el bosque de mástiles.

La hierba húmeda palpita de nostalgia
en un silencio oscuro y miserable

Tu cuerpo es una larga figura geométrica
absurdamente azul.

Redes gigantes se despedazan sobre la playa.
Gritas.
Tu voz se diluye como un náutico espejismo
sobre el mar.

XX

Laureles encendidos
acarician
las estrellas

Un coral viene y vá
como pétalo en el mar.

¿De dónde serás tú hoy
presencia
dulce niebla
hondo olvido?

Desde el ayer crecido entre la bruma
se agiganta el dolor de la distancia.

El eco del mar, se vuelve espuma.

Y tú ¿Por qué camino de viento
irás creando
catedrales absurdas
poliedros sin aristas
arcángeles sin alas?

DOS POEMAS DE:
   Armando Arteaga

       S.E.ú O.

Cruzo la calle
de siempre
i todavía
estoy en mi calle
donde te ausentas o me esperas, donde
se puso a sonreir
la tarde con la música, la tristeza
i esa ilusión
de gentes
cuyos sueños se han muerto o se han ido
de pronto
a guardarse en roperos, oh moronda
quién te viera, mi borrasca
eh bandolera
a distancia
mientras
cae la lluvia
cae la lluvia
i otra vez el silencio, el desierto
el invierno

soy un pop singer
i eres mi hit
mi blend de amor contra la guerra, el gong
el bip bop
mi bosquejo
de la noche

i oh mis dedos tecleando una rémington
i Sylvia Plath i Anne Sextón
tecleando una rémington
i Erika Jong tecleando una rémington
nk nk nk nk

nk estallar, estallar, la ciudad va a estallar:
(echemos abajo la estación del tren, Los Saicos)*
descubrir mil bellezas lingüisticas
zas, diaforético, mis alergias
i mis tentaciones
suben
i bajan escaleras
o me tumbo
a la cama vacía
i este minuto
que no pasa
enciende
un cigarrillo
i se detiene:
"vieja y neurótica, mi profesora.
Probablemente nacida en Nueva York"
(C.F.: Lawrence Ferlinghetti)
11:35 p.m./o esta vibración que me trae
solitariamente
a mi calle
i además hace frío.

Diciembre, 1974

* Los Saicos, Conjunto de rock peruano en boga
desde fines de la década de los 60s hasta fines de los 70s.


			DE UNA MUCHACHA

		  (A LA MANERA DE KENNETH KOCH)





	Estabas vestida con tu blusa de percal a cuadros

	Y en cada uno de los cuadros en que tu blusa estaba dividida

			había un retrato de César Vallejo

	Tus cabellos eran negros y estabas bella. Me preguntaste:

			¿Es que

		la mayoría de los muchachos creen que casi todas las chicas

							son malas?

	Sentí el olor a perro muerto de tu casa en el 6to. piso

		de la Residencial San Felipe		y en tus

	cabellos

	adornados por una vincha metálica que bien podría ser de

		Georgette

		habían alondras.

	Eras un daguerrotipo "No,

	No", dije: "Son las chicas que creen que los muchachos

							son malos".

		Hubo confusión. El fontanero llamó a la puerta

	y luego hojeamos un Vogue juntos

	Y empezamos a dar vueltas en el baño, tantas, que ensucié

		mis zapatos de gamuza

		mientras el Boby movía la cola

	y ladraba tras un esférico de básquet.

	Tu mamá se paseaba por la sala de estar, tarareando un tango

			de Gardel

		y arreglando un florero.

	Esperamos un poco desde la terraza y luego nos unimos a ella

			en la cocina

		para tomar el té en tazas pintadas

	por la hermana de Sérvulo Gutierrez.  Tu papá entró

			esquizofrénicamente

			hablando

	con sus anteojos a lo Martín Adan: "Qué tal

			un trago todos?...

			otro trago, una mosca, una mosca en busca de miel...

	Fue entonces que empezamos a aburrirnos

	Te dije: "Bajemos a caminar afuera un rato" "o tirémonos por

			la ventana".

	En la calle, echamos a caminar hacia el supermarket

	y te compraste un Billiken

			un chicle

	un lapicero. Oh, de eso hace ya bastante tiempo.



						Agosto, 1975.	

DOS POEMAS DE:
   Jorge Espinoza Sánchez


EL PELIDA CABALGA SOBRE
UN ANTILOPE CELESTE

Sátrapas, celosos de sus prodigios, decidieron
eliminar al ungido: ya no serìa el pèlida. De su
apostura y sabidurìa los tiempos no tendrían pergamino
alguno, en oscuros deleites arrojarían a Orfeo a las frías
comarcas. Un antílope celeste ejecutaría la sentencia.
Eunucos de delicadas pieles enarbolaron el martillo
encantado de Thor, las doncellas espartanas
entonaban mantras.
Los versos de Apollinaire conmo vieron a los olímpicos,
fabulosos titanes galopando sobre rayos atravesason
las montañas bañando en agua fúnebre a la canalla.
Los verdugos, sodomizados por los gigantes entregaron
cacareando la cítara encantada al poeta.
Desde entonces, brahamanes disfrazados de mendigos
trinan bailando boleros cada noche con la muerte.
Del libro Papiros de Tiresias



		LA ESTACION DE NUESTRO AMOR



			    I





	Dormías como un suspiro perdido en el espacio

	retozando en las playas de océanos viejos y

					/desconocidos

	jugando con la brisa

	que aquella tarde era un amor lejano

	querías para tus recuerdos como en los cuentos

	que escuchabas de niña

	urnas de cristal en medio de algún bosque

					/encantado

	el pasado extendía para ti sombras cada vez

					/más lejanas.

	Gemías cuándo tus sueños juveniles

	despeinaban dulcemente tus cabellos

	querías flotar en el tiempo de la Atántida

	coronada en algún reino mítico

	3,000 años antes del dolor

	y avanzabas batiendo rítmicamente

	tu cuerpo de gacela perdida en los reinos de

					/Enrique IV.

	No querías recordar pero tus cabellos

	mecidos por el silencio

	lloraban al compás de una melodía de Joan Báez

	te perseguían cinco continentes extasiados

	pero nadie osaba tocarte

	una noche mi ilusión te hizo fulgurar

	en el cielo más lejano allá donde no alcanza mi

					/mirada

	muchas noches de desesperación acabaron por gritarme en pleno rostro

	como el corcho indiscreto de una íntima champaña

					/francesa

	muchos siglos mis sueños durmieron

	como un poema escrito en la playa

	allá donde no pueden alcanzar las olas.

	Sólo el continente de tu mirada

	osaba despertarme de tarde en tarde.


DOS POEMAS DE:
   Porfirio Mamani Macedo

EXTRANJERO

Como ayer, no haz de esperar a nadie,
viejo caminante del desierto.
Mirarás el espejismo de tu propio laberinto
y nadie, en la dudosa noche,
ni siquiera el viento dispersará
el polvo que en tus ojos ya reposa.

Lejos están los valles, lejos los ríos
que una vez guiaron tu llegada.
No habrá ruidos ni sombras
en los prados de la noche.
Sólo tú, entre las rocas,
una puerta buscarás para salvarte,
y nada encontrarás en el vacío
que a tus ojos ofrecerá el cielo.

Volverás como vuelven
las aves a posar su vuelo en las orillas.
Sentirás el aire descompuesto
que inunda las ciudades.
Querrás encontrar lo que soñabas
mas nadie oirá tu llanto peregrino,
ni la voz que derramando vas por el camino.

Tan profundas son las noches en tus sueños,
tan profundas son las noches en tus ojos,
tan inmenso es el camino,
que con dolor te falta recorrer.

No me busques, extraño caminante,
pues nada ofrecerte podría si me encuentras.
Ciegos están mis ojos, ciega mi memoria.
Yo, como tú, busqué una piedra para cobijar mi soledad;
nadie en esta tierra abrió sus brazos para estrechar
mi corazón, mi viejo corazón desconocido.

Mas veo que tercamente sigues,
rodando en el silencio tu palabra;
cruzando parques y jardines y ríos
que sólo tú, caminante, miras,
como yo miro aquella indescifrable nube,
que pesadamente arrastra el viento,
sin saber dónde abandonarla.
Se incendiará la noche una vez más,
con el reflejo que de tus lágrimas,
te dará la desventurada,
aurora que no verás pasar,
cuando tú pases como Angel solitario.

El sudor que de tus sienes
verterás en el desierto,
humedecerán tal vez,
las palabras que entre dunas,
vas sembrando sin saber,
el destino que a cada una de ellas les espera.

Tan estrechos son estos caminos,
tan amplia tu palabra,
raro caminante,
que en la bruma del tiempo no te pierdes.

Todo el que mira tu silencio,
mira también los pasos que das en el desierto.

Qué podría darte yo,
amigo de la noche,
hoy cuando te acercas a mi lado.
Nada conservé en este viaje,
tan solitario como el tuyo.
Sólo podré heredarte mi palabra,
mas no sé que podrás hacer con ella,
si cobijar no podrán jamás,
tu silencio y tu dolor.
   París 5/5/01

VOZ A ORILLAS DE UN RIO

1

Elementales las palabras y mis ojos:
transparentes a la lluvia y al olvido.
Y mi piel como costra que malogra
las rayas imborrables del tiempo:
el tiempo que soy yo afuera.
Palabras que no volverán a ver mis ojos negros.
Sueño que vuelve como río sin destino.

2

Ostensible todo
se borra con tus ojos.
Una lluvia amarga
invade nuestros pechos.
Nada nos devuelve el calor
mas no el tiempo.
Los caminos nos unen
y también extrañamente nos separan.
El ayer se distancia con nosotros.
El ayer se suma también a nosotros.


3

El calor, el aire muerto y la mañana,
puertas que nos sugieren laberintos:
piedras que dejan polvo en mis manos.
Invento una noche para comprender mi nombre.
Ya no espero a los que se han ido.
Estirando mis manos hacia el agua,
me pierdo.
Queriendo vencer mi sueño, me vence
el tiempo, verdugo de mi cuerpo.



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