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Rodolfo Hinostroza y su poema narrativo "Relato de Otelo" : ...nada se habrá perdido si es que no te he perdido. (resolución y final    
está en la tragedia de Shakespeare). La página se completa con los consagrados Magda Portal en un poema lleno de imagería,   
José Watanabe: cuatro muchachas y una manzana, y Carlos Olivera nos hace pensar en la concupiscencia de   
épocas babilónicas, para relacionarla a nuestra propia actualidad de iniquidades.   
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	   (QUISIERA PERDERME DE MI MISMA)



		   Magda Portal



		Quisiera perderme de mí misma

	limbo de mi pensamiento

	y haber perdido la mirada angustiosa

	de mis ojos

	para los pasos arrebatados por la muerte



	Perderme de los hilos tensos

	que el corazón tiende a los cuatro

	puntos cardinales de la vida



	Saltar el círculo que me aprisiona

	y en el que se debate

		serpiente cercada de llamas

	mi juventud inútil



	Perderse!    Tendido vuelo

	por sobre las agujas de las ciudades

	más altas    por sobre el mar

	como un globo cargado de oxígeno

	que sueltan a merced de los vientos



	L e j o s Más allá de todas las distancias



		L e j o s  d e  m í


		     RELATO DE OTELO



		    	

Rodolfo Hinostroza

Sí, te amo! Y cuando no te amo vuelve otra vez el Caos. Shakespeare. "...Cierta vez, en Aleppo, sí, fue en Aleppo donde me desgracié con ese turco circunso: le ceñí con sus propias babas, y su lengua morada escupió las plegarias, y así salvé mi vida. Esta vida que tan poco valía, y que hoy pesa en tus manos como un cofre de ébano. Signorina. Aunque yo caiga tumbado sobre un sueño de paz roto por las matracas de la guerra, nada se habrá perdido si es que no te he perdido. Aunque yo caiga sobre los amargos tablones del recuerdo, y recoja el final de la experiencia, y encuentre que sólo es un ave mojada, y el término y sentido de este viaje se extravíen como arras oxidadas de algo que no ocurrió, nada se habrá perdido si he logrado hacerme amar por ti. "Moro! por quién has combatido". "Moro! Para qué has combatido", me gritaron los jinetes ociosos viéndome hablar contigo. Y en verdad, Signorina, después de este feroz ascenso de flecha malherida, he vuelto la cabeza por ver a quién servía, y no he encontrado a nadie. Pero los tuyos escupen a escondidas cuando paso, y los míos me niegan, y ese callado impulso de grandeza que me arrancó de esclavos y galeras ha cesado, y es como si de pronto, en la alta noche el rumor del mar cesara, despertándonos, y el helado temor y la premonición trepasen la garganta como arañas. Hacia Chipre, una vez, un insolente rubio me dijo que yo apestaba a rata. No pude sino herirlo y entonces me arrojaron del barco, y quedé solo otra vez, por mi olor, por mi piel, por esta mi mirada que ahuyenta a los buhos. Y quedé solo después de haber contado una penosa historia de brutalidad y miseria, de espanto y gargajos, y una avidez de amor arriba de la piel, debajo de la piel tensa como un tatuaje, Signorina..."

	CUATRO MUCHACHAS ALREDEDOR DE UNA MANZANA

			     

		    

José Watanabe

La música de Susana tocaba las lujuriosas fibras Wallace Stevens La manzana es alianza del hombre y su deseo. Y así perdura bajo mis uñas, inacabable en estridencia de la guitarra. Pienso en la frente del viejo Beethoven que he propuesto como una pausa; pero la manzana acecha y codicia en silencio     el viejo fuego en la risa demasiado suelta de cuatro muchachas que hacen del fuego juego de entrega, juego y juego     que me obligan a parapetos que me humillan: forzo gesto que no acostumbro como sonrisas condescendientes como miradas que se refugian en los rincones. En verdad que en el asalto nunca he sido ducho, sé que mi viejo caballo está hecho para dilatadas acechanzas y ante ellas de estos tiempos de desenfado se intimida no se consume ni en hoguera ni en discordia. Celebro el rasgueo vertiginoso de la guitarra en la fonola y mientras ellas aplauden yo sueño procacidades, me miro los dedos que ya no llevan guantes para arrojar al suelo y decido mi retiro, sin discordias y a desgana, mientras va devorándose sola mi manzana.

B A B I L O N I A

Carlos Olivera

Como todos los hombres de Babilonia,
he sido procónsul; como todos, esclavos;...
Jorge Luis Borges

A ella...Babilonia.

¡Oh, Babilonia!
extraño tus calles Babilonia
donde vagaba como figura griega
con el cuerpo y los miembros desnudos
entregados al templo de una diosa
Los parques y las plazas
donde crecía el árbol del placer
circundado de ojos superpuestos
formando paredes
de granita pulpa
aún llevo
tus jardines colgados al pecho
como falso recuerdo
de tu olvidada grandeza
el Eúfrates recorre mis ojos
y el Tigris mis pulmones, oh ahogado
sediento de pureza hallada
en tus manos de concupiscencia
celestial tirrena
virgen del viento
¿Por qué no he de partir a buscarte
a la candidez del desierto?

quien no te busca,
quien no deja familia y oficio,
y parte en un viaje de arenas
por muchas vidas sin tiempo,
y entrega su vida a un frágil
trirreme,
hasta cruzar las islas del
desierto;
y se sobrepone a genios alados:
asirios y esfinges,
hasta llegar a ti,
y crear tus calles mientras las
recorre,
y descubrir tus edificios con sus
manos
como un arqueólogo de
recuerdos;
quien no te busca
es por que no conoce la flor de
tu deseo.
Y hoy yo me propongo tu dios
y toco trompetas frente a tus
muros,
y me corono sacerdote de tu tierra
y soberano de tu historia.

Ahora vuelven tus calles
al barullo de mercados fenicios,
y eres el palacio,
el vino y la fuente,
vuelves a la Grande Babilonia.



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