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poeta Luis Nieto: ya va a llegar la noche y sus palabras  
Y César Calvo dice: Es a tí a quien hablo  
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LA NOCHE Y SUS ANDRAJOS

Luis Nieto

Ya va a llegar la noche con su pena,
con su fantasma llovido sobre los ojos,
con su rosario de caídas
y su bandurria de aguas amargas.

Ya va a llegar la noche con su aullido,
y nosotros lo mismo,
lo mismo que la primera vez, mirándonos
la cicatriz aguda de los recuerdos,
palpando a escondidas nuestra miseria,
contando y volviendo a contar nuestras heridas.

Ya va a llegar la noche y sus palabras.
Ya va a llegar la noche y su amenaza.
Ya va a llegar el infortunio con su noche.

Y tú, madre
-sombra dolida que nos llegas al pecho-,<
cada vez más ausente con tus miradas,
cavilando siempre ese destino negro
por donde va la lágrima, por donde niña,
se te fue también tu corazón con su madero encima.
Quisiéramos esta vez comenzar de nuevo
aquella historia derribada en la boca milagrosa de la abuela;
quisiéramos escuchar cómo las rejas
van cayendo como piedras, tan lentamente apenas
que dejan un eco doloroso en la pisada.
Pero la abuela ya no está.
Su voz anciana
se apagó calladita en un rincón como una vela.



PREGUNTAS Y PENUMBRAS

César Calvo


¿Y si de pronto huyeran
el valor y el destino
-como alas- de este pájaro
que me lleva a los vientos
o a la muerte?
Tal vez mañana mismo.

Si de pronto volara
de mi pecho
el corazón, cayera
como llave en un pozo:
¿Tú abrirías la puerta, cruzarías
al umbral a mi paso señalado?
Buscando entre los muertos

Es a ti a quien hablo,
a ti que creces
como una larga herida
en mi memoria, a ti que ignoras
como yo
los tatuajes de mi brazo. Es
a ti a quien hablo.
El cuerpo del hermano.
Bajo mi cuerpo
tiéndete, acerca tus oídos
a la tierra: ¿Oyes cómo mis manos
te acarician, como el mar suena
todavía
desde tu corazón?
Nuestro cuerpo encontremos.

Tras la puerta, otro fuego
devora las montañas,
los sueños
y los hombres. No digas
nunca: "hay tiempo,
hay tiempo". Tal vez
mañana mismo,
buscando entre los muertos
el cuerpo del hermano,
nuestro cuerpo encontremos.




		EL DISCIPULO AMADO



		 Alonso Ruiz Rosas



	No estoy precisamente en Patmos, sino frente

		al Pacífico

	Al fin de un espigón, ante las olas, bajo la

		tarde fresca;

	Así como dormí sobre tu hombro

	Quisiera dormir hoy

			   y yendo sin temor por el

			   abismo

	Volver a tu ciudad



	Pero algo hay que se quiebra

	Y que se desmorona

	Aunque pones en mí tu dura mano diciendo que no tema

	Porque eres el primero y el postrero

	Y yo el amado

		     incluso si en la arena

	Como las olas frías desfallezco



	No creas que me olvido

			      del anunciado día

	En que todos aquellos que no sean hallados en

				el Libro

	irán a dar al fuego

	Y el resto de las naves partirá



	Mas qué días

	Serán éstos

		   si en mis visiones simples

	Con aves naturales

	Espíritus sencillos y neblina

	Confundo a los bañistas con los muertos

	Y apenas si pregunto por lo eterno.




	MI VIEJA ANDINA



      Alida Castañeda Guerra



	El polvo silente

	construye tus canas.

	La verdad se esconde

	en el recodo del camino,

	en la dicotomía del río

	y del viento

	Alborada de silencio

	parida del insomnio.

	Movida desde el cosmos

	hasta el fondo del despeñadero.



	Rugen las montañas

	graznan las metralletas

	queman las flores del campo,

	el búho nocturno vuela con el sol,

	la esperanza se arruga,

	y tú, mi vieja andina

	avanzas por yertos caminos



	El Gólgota cordillerano

	de nieblas y espinas

	baña de fuego

	tus pies descalzos



	Sudario

	de veinte mil cristos de las Américas

				         Azotados

				torturados

			encarcelados

		   quemados

	    y mancillados

	que en Ayacucho

	mueren.



	Tu voz...

	se esculpe en el tiempo

	mi vieja andina,

	desde las entrañas de la tierra

				desde la luna

			desde el lago



	Tu voz...

	rompe la tormenta

	desde las rocas

	y en los campos

	se te oye

	día y noche:



	¡Ayacuchoooooo! ¡Despiertaaaaaaaa!

	¡Américaaa! ¡No duermaaas...!




		  ARIA TRISTE



		Josefina Barrón



	Todo nos separa

	todo nos aleja intermitentes

	los centímetros se extienden en kilómetros

	los kilómetros en toneladas

	las toneladas en montañas de sal

	sal de la tuya

	sal de la mía

	antes sudor saliva lágrima descenso

	y cómo pesa el recuerdo cuando solo es recuerdo

	cómo abruma la bruma si el invierno nos alcanza solitarios

	cómo duelen los hematomas cuando es el amor quien golpea

	es tanta la distancia que es una explanada al infinito

	un abismo en dos tiempos

			soterrado el deseo



	ahora que estamos tan lejos

	nos separan un campo minado

	un desierto de azufre

	un hueco casi universo

		un gran argumento aristotélico

	te vas haciendo diminuto ante mis ojos

	insignificante

	mas que la partícula de polvo que se posa sobre mis restos

	desesperada estiro los brazos

			ya es tarde

			ya es lejos

	alcanzo sólo el silencio polar

	ventoso gélido

	como ventosa y gélida es ahora la corriente de sangre

					que irriga mi sexo

	nuestras lenguas se vuelven disímiles

	como los nortes que nos encabezan

	como las doctrinas los paisajes los alimentos

				los futuros imperfectos



	para acercarme tendría que disidir

	renunciar a mis soberanos a las letras de mis músicas

	a la conjunción de mis astros en el zodiaco

	tendría que volverme sombra de mi sombra

	flor monopétala

	peldaño en otra casa  & parte de tu anatomía

	parte enajenada parte de una parte

	no

	aquí me quedo

	lejos de ti tan lejos

	que no recuerdo ni siquiera el recuerdo


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