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Poema Romance de la Chola de Ripan de Luis Fabio Xammar, un poeta peruano del siglo XX olvidado  
Juan Ramirez Ruiz, Héctor Rosas Padilla y Marcela Robles  
PAGINA TREINTA  
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DOS POEMAS DE:
   Luis Fabio Xammar

ROMANCE DE LA CHOLA DE RIPAN

Cholita del caserío,
puro verano en la boca
con el sabor agridulce,
mismo de la zarzamora.

Contigo bajé del monte
con sombrero y poncho habano
cual si fuera de vicuña,
a adorar la cruz de mayo.

Contigo aprendí a hurtadillas
nuevas ternuras salvajes;
casi me olvidé la estancia
de pirca en los roquedales.

Casi me olvidé mi nombre,
casi me enveté en un huino,
casi nos desconocimos
cuando nos emborrachamos.

Cholo estanciero, a tu pueblo
bajé por tu disimulo;
mañana amaneceremos
lejos —los dos—, una y uno.

Mi ganado será tuyo.
Tu cara mía en el frío.
Mordiendo dicha en las noches,
tu cuerpo lindo de abrigo.

¡Ah tu cariño de chola!
¡Ah tu fuerza! ¡Ah tu ternura!
¡Ah tus dos senos saltando,
redondos como la luna!

LENGUAJE

Lenta estás enmascarando una ribera aridecida.
En la otra estoy, sin descansar, mirándote.
El agua transcurre entre nosotros como una existencia vegetal
de verdes, de amplios tentáculos que alcanzan nuestras vidas.
Yo pensaba siempre en ti.
Me imaginaba, así, ingresar a tu silencio lleno de ternura.
¡Cuántas veces descansaba junto a tus pensamientos sin que tú lo notaras!
¡Cuántas veces descansabas tú junto a mis pensamientos sin que yo lo notara!
Y cada uno se recluía en su silencio sin confesarlo,
como dos riberas empapándose en el agua que lentamente pasa.

Vuela algo de ti sobre la brisa, y musitan las gentes:
«¡Qué brisa tan tibia para este arenal sin límites!»
Yo quisiera decirles que están engañadas;
que eres tú que estás viviendo una distancia nueva;
que has conquistado otro tiempo de existencia;
que yo me empino de mi dolor a verte;
que tú traes la luz del nuevo cielo.

Yo tenía mi verdad como una ortiga en el pecho.
Era mucha verdad para mí, en cambio tú tenías en la presencia
el secreto de un callado júbilo.
Yo te vi atravesar por un camino rodeado de nubes
a perderte en los hondos jardines del silencio.
Después, todo fue un dibujo rápido hacia la ausencia,
y así quedé, en espanto, como un vidrio rajado
en un tenue misterio sin respuesta y sin sombra.

Y así es como termina esta angustia callada,
tus palabras las creo comprender entre la letra borrosa de una canción antigua.
Tu vida es el paisaje que se abre entre las brumas
de un país muy alto en una garganta inaccesible.
Te veo íntegra, llena de serenidad, como los ángeles.
Alguien dice:
«Qué extraña esa banda de nubes en el cielo.»
Y contesto yo:
«No. Son las aves que escoltan a los peces.»
Y todos nos quedamos callados, sin comprender, alegres.


ENCUENTRO CON EL TERROR

Juan Ramírez Ruíz

A ti te conozco terror, te conozco:
tú preguntabas por mí, hurgando en mis ojos
con una luna chueca; y yo a ti te encontré
mirando suelo y cielo, solo,
buscando mi error con las dos manos.

Tú querías matarme con astros bizcos,
tú columpiabas mi mente expelida por un golpe:
a ti te conozco, te conozco.

Pero si oscuro va el bosque,
lo que ocultas (¡aquí está!) va más oscuro todavía:
¡remolino de hechos que vomita
un incendio antropomórfico, mi cuerpo
como látigo se agitaba contra mí
con el peso del ojo en la mirada!

Te conozco, a ti te conozco terror;
tú ya no puedes mi mente columpiar.

(De: Las armas molidas. Lima,1996)
Fuente: Sol & Niebla


DOS POEMAS DE:
   Héctor Rosas Padilla

GIRL

No es necesario tenerte en mis sueños para saber cómo
serás ni
cuáles son los paraísos que prefieres para dejar tus gemidos
Tendrás cabellos rubios como tu voz y ojos azules
como las cien y unas noches de placer que dormitan en tu
memoria
Unas botas sin fulgor ocultarán
tus piernas delgadas como los rayos del sol
y de uno de tus hombros penderá un bolso viejo y hediondo
dentro del cual
habrá vestigios de playas chicles
cosméticos y números telefónicos muchos números
que marcarás desesperadamente cuando te duela la soledad
o cuando tus pechos reclamen a gritos unos labios
estoy seguro que te encontraré en algún
restaurante de comida rápida
o tal vez en el atrio de un cinema
esperando un cigarrillo o algo que se le parezca
Me bastará decirte "gorgeous day like you" para ganarme la
más
luminosa
de tus sonrisas y
algo más que una de tus mejillas
Y mientras buscamos el lugar más oculto me hablarás
del Terminator como del dios Marte y confundirás a Ginsberg
con una estrella del fútbol americano
Luego como si nada hubiera sucedido sobre la hierba (o en
alguno de los veinte y un cuartos que conocen tus gemidos)
te marcharás tranquilamente
no sin antes pedirme mi número telefónico
Y desde ese instante yo seré para tí un número telefónico más
en tu bolso.


HOMENAJE A UN CASERIO DE CAÑETE

Cochahuasi como todo caserío de mi país
no tiene trenes que se deslicen bajo el mar
ni un Golden Gate imponente y complicado
como la vida en los barrios de color

Tampoco tiene edificios que hagan de puente
entre la tierra y el cielo
sólo casas de adobe que a duras penas
se alejan un poco del polvo
y los charcos de sudor de mi gente

Mi caserío no tiene nada de esto como San Francisco
por eso es un caserío
por eso no figura en las guías turísticas
ni está en las cámaras fotográficas de los turistas

Mi caserío es un poema cortado por un riachuelo
cuyo puente no se extiende más allá de unos metros
pero que fue lanzado entre himnos
desde una orilla a la otra
tras emerger de las glándulas sudoríparas
de mis gentes que no conocen el frío de Paris
ni la sonrisa de la Mona Lisa
pero saben dar con exactitud la hora y los minutos
midiendo con sus pasos sus sombras tendidas
en la arena de las playas
y saben cuándo es el día para enterrar las semillas
y cuándo el mar está hirviendo de pejerreyes

Ellos nacen un día cualquiera como los pájaros
y crecen arrullando las lampas y las cuerdas de pescar
y un día cualquiera se duermen para siempre
sin haber conocido San Francisco
pero con la certeza de haber sobrevolado
como los jilgueros
el pedazo de tierra más hermoso
del planeta.


HAITI

Marcela Robles

Hoy pasaste por mi lado
y pretendiste no verme.
Y yo te he visto.
Y he sentido
que querías que te viera más que nunca.
Pensé en pararme y seguirte,
pensé tocarte en el hombro,
abrazarte.
Aquí estoy, te hubiese dicho,
puedes mirarte en mis ojos
mucho antes de que yo en los tuyos
(como siempre es tu deseo).
Pero he dejado que pases
y he pretendido no verte.


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