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CESAR MORO encabeza esta página con dos de sus mejores poemas: El Mundo Ilustrado y Batalla al Borde    
de una Catarata. También están: Carolina O. Fernández, Victor Coral y el ayacuchano Serapio Bajalqui Mitma.  

TREINTICUATRO    

DOS POEMAS DE
CESAR MORO

EL MUNDO ILUSTRADO

Igual que tu ventana que no existe
Como una sombra de mano en un instrumento
fantasma
Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre
Con la misma igualdad con la continuidad
preciosa que me asegura idealmente tu existencia
A una distancia
A la distancia
A pesar de la distancia
Con tu frente y tu rostro
Y toda tu presencia sin cerrar los ojos
Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la
ciudad no era no podía ser sino el reflejo
inútil de tu presencia de hecatombe
Para mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia de muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti
Como un camino que se pierde en otro continente


	BATALLA AL BORDE DE UNA CATARATA



	Tener entre las manos largamente una sombra

	De cara al sol

	Tu recuerdo me persiga o me arrastre sin remedio

	Sin salida sin freno sin refugio sin habla sin aire

	El tiempo se transforma en casa de abandono

	En cortes longitudinales de árboles donde tu imagen

		se disuelve en humo

	El sabor más amargo que la historia del hombre

		conozca

	El mortecino fulgor y la sombra

	El abrir y cerrarse de puertas que conducen al dominio

		encantado de tu nombre

	Donde todo parece

	Un inmenso campo baldío de hierbas y de pedruzcos

		de interpretables

	Una mano sobre una cabeza decapitada

	Los pies

	Tu frente

	Tu espalda de diluvio

	Tu vientre de aluvión un muslo de centellas

	Una piedra que gira otra que se levanta y duerme en

		pie

	Un caballo encantado un arbusto de piedra un lecho

		de piedra

	Una boca de piedra y ese brillo que a veces me rodea

	Para explicarme en letra muerta las prolongaciones

		misteriosas de tus manos que vuelven con el aspecto

		amenazante de un cuarto modesto con una cortina

		roja que se abre ante el infierno

	Las sábanas el cielo de la noche

	El sol el aire la lluvia el viento

	Sólo el viento que trae tu nombre


YO NO TENIA GANAS DE HABLAR

Carolina O. Fernández

Yo no tenía ganas de hablar, sólo mirar en la penumbra
tu sombra,

sombra llevaba añil amarillo en los cabellos,
benevolente fuego de
altazor.

Yo no tenía ganas de hablar del mal y el bien en altamar
sino sorber el aroma de hiperión,
tu querías negar,
mar,
mis sandalias, mi estupor por la imagen
sangrante en la batalla: dieciseis estudiantes y
periodistas muertos.
¿Escuchas?
Yo no tenía ganas de hablar de los vientos aluvionales,
de la guerra, sólo quería sentir el sabor de los
viejos muelles, el humor soleado
del alelí.


LEJOS DEL CLARO/Arte poética

Víctor Coral

En el claro del bosque
El viento pasa suavemente entre las ramas.
Nadie dice nada, nadie atiende a su sonido vegetal,
A su cola verde-amarilla de amaranto y nogal.
Es el viento en el bosque, la alegría
De un cielo y nada más.
Lejos del claro
Mis ojos son limpios a pesar de todo,
Las visiones circulan por mi cabeza fluidamente
Filudamente; y puedo ver, antes del ocaso,
Cómo la soledad revienta en la lejanía
Y amenaza con cubrirlo todo.
La roca partida por donde surgen las aguas,
Las aguas brillantes que corren colina abajo,
Se empozan y vuelven a salir hasta llegar aquí,
Mis pies mojados por las aguas como dos piedras más;
Eso es todo lo que siento. Eso es todo lo que tengo.
Lejos estoy del claro, del cielo y aún de mis ojos,
Lejos del sentido que rompe, vuela o trasciende.
Aquí, en el sociego que otorgan las sombras,
Me engaño con la palabra lúcida
mente y ejerzo mi oficio-ofidio hasta morir.
Que a nadie se culpe de esto:
Yo solo quise el reino de una imagen
Y cedí al encanto de una trampa cualquiera.


CAMISA DE LA REVOLUCION

Serapio Bajalqui Mitma

Hoy mi destino vio su extremo horizonte,
dulce como el río del monte,
hermoso como un sol que yace a nivel de los mares
como no hay por estos lares.

En este mundo de maldad
el amor es una forma de discrepar,
la justicia no es para la humanidad
y la democracia? nos ha de matar.

Y por saber amar
solo una camisa poseo
camisa rota de mucho obrar.

Camisa, camisa
que ayer nueva sirviendo se rompió
en la ruptura va escrita el cambio
y siempre ira conmigo la camisa de la revolución.



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