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César Vallejo
Santiago de Chuco; 1892 - 1938; París, Francia

Presentamos aquí los poemas Considerando en Frío y Parado en una Piedra de Poemas Humanos, publicados en 1939. Vallejo escribió estos poemas influenciado anímicamente por la Guerra Civil española (1936 - 1939) en la cual apoyaba a los izquierdistas que luchaban contra las falanges de Franco.
También figuran en esta página los poetas Carlos Reyes Ramirez, (Loreto), quien, con este poemario compartió el primer premio de la Tercera Bienal de Poesía, Premio COPE 1986; Ana María Falconí y Rolando Sifuentes.

PAGINA TREINTA Y NUEVE   


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  • Róger Casalino Castro
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    Considerando en frio
    Parado en una piedra
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    De un traje Yagua exhibido
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    Día prfecto
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    Las licenciadas
    Responso
CUARENTA
  • Pedro Escribano
    Lima no es una golondrina entre los dientes
    La ciudad y las hormigas
    La bugambilla
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    Inmaterial
    El puente de Macavilca
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    Altiva alma vuelve
¡¡NUEVA PAGINA!!
CUARENTIUNO
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  • Bernardo Rafael Alvarez
    Deletreé
  • Miguel Urbizagástegui
    Para gritarlo desde el techo

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DOS POEMAS DE
CESAR VALLEJO


CONSIDERANDO EN FRIO, IMPARCIALMENTE...

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado; que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensándo,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz,
borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...


PARADO EN UNA PIEDRA

Parado en una piedra,
desocupado,
astroso, espeluznante,
a la orilla del Sena, va y viene.
Del río brota entonces la conciencia,
con peciolo y rasguños de árbol ávido:
Del río sube y baja la ciudad, hecha de lobos abrazados.

El parado la ve yendo y viniendo,
monumental, llevando sus ayunos en la cabeza cóncava,
en el pecho sus piojos purísimos
y abajo
su pequeño sonido, el de su pelvis,
callado entre dos grandes decisiones,
y abajo
más abajo,
un papelito, un clavo, una cerilla...

¡Este es, trabajadores, aquel
que en la labor sudaba para afuera,
que suda hoy para adentro su secreción de sangre rehusada!
Fundidor del cañón, que sabe cuantas zarpas son de acero,
Tejedor que conoce los hilos positivos de sus venas,
albañil de pirámides,
constructor de descensos por columnas
serenas, por fracasos triunfales,
parado individual entre treinta millones de parados,
andante en multitud,
¡Qué salto el retratado en su talón
y que humo el de su boca ayuna, y como
su talle incide, canto a canto, en su herramienta atroz, parada,
y qué idea de dolorosa válvula en su pómulo!

También parado el hierro frente al horno,
paradas las semillas con sus sumisas síntesis al aire,
parados los petróleos conexos,
parada en sus auténticos apóstrofes la luz,
parados de crecer los laureles,
parados en un pie las aguas móviles
y hasta la tierra misma, parada de estupor ante este paro,
¡qué salto el retratado en sus tendones!
¡que transmisión entablan sus cien pasos!
¡cómo chilla el motor en su tobillo!
¡cómo gruñe el reloj, paseándose impaciente a sus
espaldas!
¡como oye deglutir a los patrones
el trago que le falta, camaradas,
y el pan que se equivoca de saliva,
y, oyéndolo, sintiéndolo, en plural, humanamente,
¡cómo clava el relámpago
su fuerza sin cabeza en su cabeza!
y lo que hacen, abajo, entonces, ¡ay!
más abajo, camaradas,
¡el papelucho, el clavo, la cerilla,
el pequeño sonido, el piojo padre!

DE UN TRAJE YAGUA EXHIBIDO

Carlos Reyes Ramirez

¡Basta inmortal arqueología!
Intrépido hilo que partió del sueño
entre imágenes de un río tronante que se mira
desde otra orilla. Yo retorno a tu mano que centellea.
El tiempo cuarteado por el acecho
y las adversidades, ha resguardado un nombre desde ya
inmombrable, un pedazo de encanto
que no juzgaron ni mejor ni peor
los débiles ancianos que nos enviaron,
sino que mediocremente han hablado,
han palabreado entre fogonazos.
¡Basta inmemorial Arquología¡
Tela empapada de humores que la tierra
reconoce.
Plagio de lo nunca existente,
fibra escarlata pendiente de una cuerda
agredida por los filudos ojos de los
marginales. Es asi como en los biombos excesivos,
rotos por un tajo de luz,
con la puerta luminosa y extensa
se han quemado los trajes como hojas
secas.
Del libro Mirada del Búho, 1986

DÍA PERFECTO

Ana María Falconí

Tú vas a ser
Lo que ves
Atraviesas el centro de la ciudad
Entonces caminas
Cruzas pistas
Pisas libros
Plantas ramas en el cemento
Nunca tuve un día perfecto
¿Ya ves?
No están los animales en el zoológico
Deambulan por las veredas vomitando
Maleficios imperdonables
Que acalla el abismo en donde caen.
Nadie bebe en el parque
Su sed mortal
Solo la entierran para que no
La escarben
Nadie vuelve a casa,
Nadie
El día perfecto talvez
Transcurre solitaria la cola del león
O su garra
O su cabeza
Una descorchada botella llena de respiración
Una eterna cosecha sin semilla

DOS POEMAS DE
ROLANDO SIFUENTES

LAS LICENCIADAS

Las licenciadas vienen de verde ficus,
las técnicas de blanco espuma,
los doctores con saco blanco o
albo mandil algunos.
Llegan como la alborada
para el afligido que, tendido en su cama
como una sombra,
esperan alivio para su cuerpo herrumbroso.

Hospital Almenara,
pabellones con olor a vida y muerte,
morada de los arcángeles
de la salud, recinto donde, como en un colmenar,
el paciente es la reina,
el centro,
el núcleo
sobre el cual giran
dietistas, secretarias, laboratoristas y
los ases del escobillón y el trapo.
Todos aportan lo suyo
para restablecer al árbol doliente.

Hodkin y no-Hodkin,
Bk positivo,
Bk negativo.
Para algunos hay nueva esperanza,
la ciencia avanza.

Me gusta el Almenara, como
los gritos en la plaza de mi pueblo,
pero mi mundo
está más allá del alcohol,
el bromuro y los contornos
verdes y blancos que, como fantasmas
de medianoche
me pinchan las venas,
suavemente, silenciosamente.

No importa los bocinazos que en la calle golpean
mis oídos; no importa el smog
que cubre hasta mi alma;
no importa la frialdad de Rosa María,
que ya no viene a prodigarme su compañìa.
Quiero que me desaten de esta cama,
quiero caminar por las calles vivarachas de
La Victoria.

No llores madre, no llores,
tu amor es salud y vida para mi,
otros son los que pronto
no podrán seguir bebiendo el aire turbio
de nuestra ciudad,
ya los lloran hasta los días grises
que presienten lo peor, y las máquinas
ya no quieren hacer más ti, ti, ti.

No llores madre, no llores por mi,
mira que tengo buen semblante,
pronto seré el niño alegre que fui,
el plato de tu sopa morón limpiaré,
arrasaré con la carapulca,
y no le pondré mala cara a ninguno de tus
platos como antes.
Llévame contigo, madre.
No llores más por mí,
no tomaba tu sopa, y no crecí tan rápido
como tú te hiciste vieja.
Lima, Octubre, 2010

RESPONSO

Te fuiste al llamado del Señor, tu Dios.
En la miriada de titilantes luceros te perdiste,
¿Cuál eres tú? Hazme una señal.
Sé que desde las alturas, con ojos piadosos
miras a tus hijos, y ya no tienes más
lágrimas que derramar, ni palpitante corazón
de mujer terrenal. Estás eterna,
al costado de tu Señor, tu Dios.

Viviste como querías, diste tu corazón porque
eras mujer. No fuiste María Magdalena
ni la Santa Madre de El,
solo fuiste Ana Celia, débil mujer.
No conociste la maldad, ni el desamor.
No mordiste la brida, pero aceptaste el yugo
de la vida, porque criste firmemente
en tu Señor, tu Dios.

A la Tierra viniste por cumplir un mandato,
con tan solo tu corazón de mujer y voluntad de piedra.
Cruzaste la ciénaga sin mirar atrás, dolida pero altiva
te caías pero enseguida te levantabas, sin lanzar
maldiciones o piedras a la adversidad, sin ufanarte
de tus victorias.

Nadie en este mundo osó ponerte en una balanza,
solo tu Hacedor lo hará, tu Señor, tu Dios.

Ica, Diciembre, 2010-12-24



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