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		MI PADRE UN ZAPATERO

      				

      		    Pablo Guevara

      			

      	Tenía un gran taller. Era parte del orbe.

      	Entre cueros y sueños y gritos y zarpazos,

      	él cantaba y cantaba o se ahogaba en la vida.

      	Con Forero y Arteche. Siempre Forero, siempre

      	con Bazetti y mi padre navegando en el patio

      	y el amable licor como un reino sin fin.

      	

	Fue bueno, y yo lo supe a pesar de las ruinas

	que alcancé a acariciar.  Fue pobre como muchos,

	luego creció y creció rodeado de zapatos que luego

	fueron botas.  Gran monarca su oficio, todo creció

	con él: la casa y mi alcancía y esta humanidad.

		

	Pero algo fue muriendo, lentamente al principio:

	su fe o su valor, los frágiles trofeos, acaso su pasión;

	algo se fue muriendo con esa gran constancia

	del que mucho ha deseado.

		

	Y se quedó un día, retorcido en mis brazos,

	como una cosa usada, un zapato o un traje,

	raíz inolvidable quedó solo y conmigo.

		

	Nadie estaba a su lado. Nadie.

	Más allá de la alcoba, amigos y familia,

	qué sé yo, lo estrujaban.

	Murió solo y conmigo. Nadie se acuerda de él.





      CASALICIO SAGRADO

  Jorge Bendezú Canales

I

Oh casalicio mío: tibio y lítico.
Carrito de mis fantasías y fulgores tempranos.
Iris almendrado del espíritu.

Siento en el brillar del agua
venir madreperlas rojas, pero
huelo en las hortalizas,
ovejas y raíces, uñas
y carnes yertas, fauces del tiburón.

Noches, cielo y tierra; jóvenes
agua, temblor, alegría del colibrí,
siento anegar en la llanura
de mi alma
un aguacero melón de sumo
color de fragua.

Los rios secan. Al mirar
cabisbajo del sol delata tripas flacas
de hombres con raices desconchadas.
Casalicio - Patria: mi almohada. Dios: mi signo:

Tú mi sexo, voz: mi punta piés.
Alguien ha metido su garra
en el ángulo de las heridas.

Casalicio Perú de relicarios.
Los muertos no tienen cadáver;
no hay crédito ni monedas
para una cruz. El derecho murió de sed

Oh, desliz:
Pusimos una cruz al amado muerto...
ya vieron como la noche
nos arrastró como a perros rabiosos.

Cavamos una sepultura.
Ser ignorantes es fatal: pusimos
los maderos de Cristo,
y era un delito atroz ¡Traición!
(fragmento)




          LA TRAGEDIA DE JULIO CESAR



	      Alberto Vega					



         César Regresa victorioso:

         ¡Salve César! - dicen todos -



         Bruto lo mata para salvar la democracia

         Así lo dice y convence a la ciudad:

         ¡Salve bruto! ¡Muera César!



         Pero Antonio con su famoso discurso

         Da vuelta a la tortilla:

         ¡Salve Antonio! ¡Muera Bruto!



         Ambos hacen y deshacen

         Mientras la multitud va y viene

         Dando más de un mal paso.



         Bruto y Antonio pasan a la Historia

         Mientras los fabios, los cayos y los lucios

         (que son los que la hacen)

         se quedan como extras y en minúsculas.



         Y así el pueblo convertido en carne de cañón

         Después de la batalla es un pedestal de sangre

         En el que con pose olímpica

         Reina el César.



         Shakespeare: La tragedia de Julio César

         No es de Bruto ni de Antonio

         Sino del pueblo y su maldita inocencia.





	VISION DE UN JOVEN SICOTICO



	    Enrique Verástegui



	Es la hora de la pesadilla:

	una garra interna ha ido cogiéndome las manos

	y nublado mi visión del Paraíso

		en los parques.

Yo qué papel desenredo

		en medio

de todo este enredo

		que es vivir como Nabucodonosor

en Lima

    con la luna colgando encima de nosotros.

¡Peligro!

    en caso de incendio marcar el 014:

huyendo del contacto de la gente

			un atrapado en las esferas sicóticas

rodando

     sol negro

		en mitad del incendio lunar

profeta esquivando a los veloces automóviles de la rutina

    y caminando perdido en la calle

		todo es oscuro un trozo de viento en la noche

purulento gritando miro mi alma

    -no eres nadie en medio del torbellino de estos

					años

los años amargos / tus años amargos

     (mi naturaleza interior llena de flores extrañas)

     entre estas luces claxon señales mortales

		-eres un bicho raro

     apenas un muchacho enfurecido

		como un girasol de Van Gogh

		desterrado en una pensión mugrienta

sin saber ya qué es lo que quieres/

    cuídate de señalar un camino

tú crea el camino

		(o el camino no existe)

todos los caminos conducen a la desesperación

		y la desesperación es un camino de luz

-tú aún no me conoces/

		rastro en los cielos

¿Me viste elevarme en la oscuridad de tus ojos?

aún no fue instalado un mundo de seres contrapuesto

a ese otro mundo maníaco de pareceres

		Yo esperaba hablarte esta noche

sentado aquí como nadie al borde del auto

en el malecón donde un loco vestido de lila

		tenía el rostro de Artaud

sin más palabras que mi bufanda anudada

	a los ojos

y con una canción que te ofrezco

	en tu hora de la profecía maldita.




         	ENSUEÑO EN EL BOSQUE



		   Javier Huapaya

     

     	Sobre la cresta del vaho silencioso

     	El mirlo exhala su perfume.  En la zaga

     	De los páramos: Se escucha el canto

     	Del bosque

                     	y el sol lleno de música

     	Se desgrana suavemente sobre las hojas

     	Del cerezo.  En el verde manantial

     	Las burbujas se aproximan a la superficie

     	Redondas pulidas de encanto.

     	He contemplado el gramado de la aurora

     	Convertirse polvo y polen en el oro

     	De la tarde.  Hacia el fondo el agua

     	Parpadea en llamas y devora aves plateadas

     	Y el sol cae en la alcancía azul de la tarde.

     	Inesperadamente: el lago se mancha de finas

     	Pinceladas.  El viento sopla y se acantona

     	En las mejillas de las amapolas

     	Y se vuelven sonrosadas como el agua.

     	Se ha desatado el inocente perfume

     	De las rosas

                     	y ha tocado

             	Los resecos racimos del viento.