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Leonidas Yerovi - Uno de los más grandes poetas peruanos del siglo XX. Su más famoso soneto "Recóndita", y su   
celebrado poema "Mandolinata Titina, Tina Tontina / la de la voz argentina y el aliento de jazmín.   
PAGINA VEINTICINCO  

DOS POEMAS DE:
   Leonidas Yerovi

RECONDITA

Como un ir y venir de ola de mar,
así quisiera ser en el querer:
dejar a una mujer para volver
volver a otra mujer para empezar...

Golondrina de amor en anidar,
huir en cada otoño del placer
y en cada primavera aparecer
con nuevas tibias alas que brindar...

Esta, aquella, la otra... Confundir
de tantas dulces bocas el sabor
y al terminar la ronda, repetir...

Y no saber jamás cual es mejor...
Y, siempre ola de mar, ir a morir
en sabe Dios qué playa del amor...

MANDOLINATA

Titina, tina tontina,
la de la voz argentina
y el aliento de jazmín,
sal a tu ventana, ingrata,
y oye la mandolinata
que te doy en el jardín.

Oye la trova que roba
con su dulcísima coba
la calma del corazón;
descorre la celosía
y acoge, princesa mía,
los ecos de mi canción.

Soy el bardo decadente
de númen incandescente,
que ama sin saber a quién;
el de las japonerías
y ritmos y melodías
aprendidos a Rubén.

Con mi cantata nocturna
quiero perfumar la urna
sacra de tu corazón,
y aquí tengo en la petaca,
para incienso, mirra y laca
que me ha prestado Fiansón.

Tu cabello es blonda seda
tu pura frente remeda
blanca faja de marfil;
luminarias son tus ojos,
cerezas tus labios rojos,
de medallón tu perfil.

Tu seno es tibia almohada,
tu cintura una monada,
tu cutis es de surah:
tu cuerpo un jarrón de Sevres
modelado por orfebres
amigos de tu papá.

Dos almendras son tus manos;
no hay pie, entre los pies enanos,
más menudos que tu pie...
y eres, en fin, por belleza,
por frescura y gentileza
un botón de rosa té.

Titina, tina, tontina,
siendo, como eres divina,
siendo como eres, así,
¿Por qué no asomas , ingrata,
y no te fijas en mí?

¿Será cierto que hay un viejo
que por paternal consejo
tu viejo esposo será?
¿Es posible que te vendas?
¿Qué no aceptes más ofrendas
que las que el viejo te hará?

Titina, tina, eso es feo;
no es decente y no lo creo;
¡Venderte al mejor postor!...
Una señorita honrada
no debe acatar por nada
más ley que la del amor.

A tí lo que te hace falta
según a la vista salta
no es un viejo rico, no:
es un trovador amante,
es un poeta que cante
como un mirlo, como yo.

Es un bardo decadente
que te ame y que te alimente
el alma en primer lugar,
que los demás apetitos
sólo son prosaicos gritos
del estómago vulgar.

Medítalo, pues, tontina,
la de la voz argentina,
y el aliento de jazmín:
no desestimes ingrata,
la prudentísima lata
que te doy en el jardín.

Mas si no oyes mi consejo
y crees hallar en el viejo
por su dinero, tu bien,
¡Anda y que Luzbel te tiente
y que el viejo te reviente
y te dure un siglo! (Amén).

DOS POEMAS DE:
  Florencia del Río

Oda A la Doctora
ISABEL de la PEÑA de CALDERON
con gratitud

Canto y no me canso de cantar
porque amo tanto...
Mi corazón se agrieta en los viajes sin término,
y me torno gijarro deslumbrado.

Para seguir viviendo he de cantar
y al terminar mi canto, he amado.
¡Ah, pero si me aman!
-como deben amarme-
entonces soy la risa más fresca de la tierra.
Y no me importa la sombra de la vieja agonía,
o los pasos calzados de ausencia.
Cuando me aman
no importa la edad de la leyenda
ni el campo roturado por las desilusiones.
Cuando me aman
mi beso se hace ofrenda.

   ELEGIA

   CARTA A VICTOR HUMAREDA

"Mi buen hermano Víctor:
Agonizabas de hambre y orfandad.
Padecías la sed — quemante — de ternura;
indigente de amor y de piedad.
Por eso te ocultaste en sórdidos suburbios
donde nadie supiera de tu incendio de soles,
ni hirieran tu reseda con mirada mezquina.

En la Lima de entonces se escuchaba tu risa
divertida, estentórea...tu risa inacabable.
Y todos te miraban curiosos y extrañados
— Humareda feliz, Humareda sociable —
Tienes la suficiente grandeza para dar
alegría, aunque poco recibes de nadie.
Admiro tu genio y amo tu bondad:
jamás una protesta
ni una sola actitud sesgada de traición.
Veneras a los clásicos y prefieres a Goya.
¡Don Francisco de Goya! corregías severo.

Conozco el azar que ha signado tu vida.
Trémula y respetuosa oí tu confidencia
en voz asordinada y casta de humildad.

Siempre fuiste nenúfar en aguas abisales,
furioso combatiente por la autenticidad.
Náufraga de mi grito, plasmado
en la sal amarguísima de lágrimas inútiles,
contemplo tu figura de oso lastimado
tocada de profunda dignidad.
Caminas silencioso entre los ´personajes´
que van a ver tus cuadros y a mirarte asombrados.

Ya no te importa nada ni puede haber más sombra.
Y tu próximo triunfo es la cita inmortal
que hace mucho te diera Don Francisco de Goya."
      8 Octubre 1986

DECLARACION DE AMOR

Tulio Mora

Desde que veo a través
de las violetas que has pegado en tus ojos
como dos sellos de inapelable ternura
pienso en el verso que nos hará famosos
y que tarda
tanto como Godot.

Presiento que por su culpa
nadie más tarde recordará tu rostro
ni los brillantes cuellos
de firmes jirafas trepando los edificios.

Tus hijos lloran
de hambre o amor
la calle entorna
una cascada de futbolistas
y excepto el hilo de sangre
que ha bordado la tarde en tu frente
no hay más silencio.

Es claro el rumor
de llantos en vez de piedras
mientras escribo
que el Amazonas corre debajo de mi ventana
como una desteñida serpiente

Ya la noche traspone
con sus uñas sucias el dormitorio
y el poema que quisiera extender
hasta el punto de convertirlo
en una declaración de amor
también me recuerda
que aun dormida se te ve cansada
y que mañana tengo que trabajar

MUJER DIVINA

Frank Herbert Alfaro

Vuela en lo perínclito de su amor
En el orgasmo de la vida
¡Corren! ¡Corren!
Como raudos y vehementes,
Los burdos al fracaso
Busca al Titán en el dintel de tú ilusión
Busca fuerza inexorable
Entre tú mundo interior y exterior
Y brillas con la impalpable
Esencia de tú alma
Contra la siniestra,
Bravata, confabulación del infernal
Y virulento ser
De ocio espiritual…

Aunque él Incierto montaraz
De mente onírica acometa
Pugnarás constantemente

El himeneo del bien y el mal
Se encumbren en el equilibrio supremo
Tocando con la lira
Una sublime melodía
En medio del ahogo de la soledad
Donde el trino de las aves
Continúa sinfín…

¡Oh! Ahora…
Los atisba al armígero
En el carromato
Vuelve altivo ante los ojos urentes
Maléfico, estercolero, él enrostra
Su mirada tierna cual tirano
En la pugna por el holocausto…
Ineludible acude
Y cual excelsa y sublime presencia
Extiende su inmaculada mano…
No para de sonreír…
¡Eres infinita!
¡E inconmensurable!
En la definición...
De la dignidad
Del honor...

Mantienes al hidalgo vástago
Cual penacho henchido
Por laudable y ejemplar labor…

Mantienes tu brillo
Más bella
Después de la muerte...
Sacro corazón
De niño santo
De ubérrima dicha
Así, eres laureada
Irisada y destellante
Desde el cuerpo de amante,
Que nace en ti…

Cual alabastro en bruto
Eres la infinita escultura,
Que derrocha dulzura
Tu belleza se compara
Con la deidad citerea...

Eres el zafiro
Pieza corindón compacta
Encandilas amor con tu esencia




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