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Gustavo Valcárcel (), destacado poeta del siglo XX, cultor del soneto moderno, hace sentir en estos poemas del exilio*,  
su nostalgia por la patria lejana y su familia. Y su dolor va más allá de lo personal. Acompañan a Valcárcel en esta  
página de poemas peruanos: Rocío Silva Santisteban, Josefina Jimenez, Carlos Guevara Morán  
y Alessandra Tenorio, jóvenes valores de la literatura peruana e hispanoamericana.  
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CUATRO SONETOS DE:
   GUSTAVO VALCARCEL

X

Tristeza que a tus ojos se enjoyaba,
la agonía del hombre al retener.
Oh lágrimas adictas a tu ser
que el viento, verso errante, devoraba.

Jazmín yerto, tu mano recordaba
península de albura, amanecer,
dulce nube dispuesta a sostener
el claro cielo que el dolor negaba.

Mas ya la muerte hueca se ha perdido,
de tanto caminar lo caminado.
Yo poeta al final he concluido

solo entre tempestades desgarrado,
soñando triste todo lo vivido,
viviendo triste todo lo soñado.

XI

Si pájaro de amor de amor moría,
era su amor el ala que volaba,
geografía amorosa la surcaba,
aérea remembranza la envolvía.

Su pico temporal se estremecía,
al recuerdo de rama que anidaba,
dulce aroma en la noche que cavaba
en pos del cuello, amor que amanecía.

El cielo en su plumaje desplegado,
el viento en lejanía gemebundo,
a pluma de nostalgia desterrado.

Sola moría el ave bajo el mundo,
y la estrella en su pico iluminado
era trino de amor ya moribundo.

EL FUEGO DE UNA VIDA

Si nos hemos de morir
pensemos que va a ser en esta noche.
De tal suerte
acudamos a la cena de nuestras propias lágrimas
caminemos sobre el parque donde hasta el aire era triste
besemos la camisa amortajada y a los queridos seres.

Si nos hemos de morir
con ademán de humo prendamos un último cigarro
y sentados al pie de nuestros sueños
digámosle adiós a la materia.

Recordemos algún día feliz de nuestra infancia
y no odiemos a nadie, absolutamente a nadie.

Si nos hemos de morir
brindemos un buen rato a la salud de nuestros huesos
y no temamos nada
porque la muerte es sólo de madera
que nos arroja el tiempo
para probar el fuego de una vida.

Si nos hemos de morir
pensemos que va a ser en esta noche
abracemos nuestro cuerpo con ternura
y digámosle como a un viejo marinero
buen viaje, muchas gracias
y silencio.

7 DE SEPTIEMBRE

Cuento del uno al diez enloquecido
en el Distrito Federal de mis angustias
las ocho de la noche y ni un cigarro
viernes de septiembre y ni un centavo
siglo veinte contra Cristo y ni un mendrugo.

Cuento del uno al diez enloquecido
y lloro en el mayúsculo cuatro de mis hijos.

Trabajo hasta ignorar el ocio de las lágrimas
camino hasta el gemir insomne del zapato
tropiezo al mundo hasta sentirme bípedo
mastico hasta la última miga del recuerdo...
todo en vano, humanamente en vano,

Ha llegado el séptimo día de septiembre
de un año cualquiera de dolor
y hállome en pleno corazón de México
al margen del pan y del centavo
contando del uno al diez enloquecido
hasta llorar en el mayúsculo cuatro de mis hijos.

* Los dos sonetos fueron publicados en Lima por la Univesidad Nacional Mayor de San Marcos en 1948.

CLITEMNESTRA, INFIEL

Rocío Silva-Santisteban

Con cuál de tus manos mancillaste los oscuros designios de
la Moira
echada sobre cuatro candados inaugurando un nuevo linaje
olvidas regar con linaza y afrecho el camino empedrado
el camino hacia el último baño.
Una perra huyendo de sus crías será maldita hasta por dos
mil años
pero tú supiste elevar tu arma sobre el oráculo de Loxias
e inmortalizar la triste historia de las mujeres dignas y sus
amantes.
Quién se encargará de pintarrajear la tumba de tu hija,
quién lavará las flores que crecen bajo sus pies,
todos tuyos y somos ignorantes de tu ira
de la cólera impotente de comer con las entrañas guisos
violentos.
Dulce será el sendero empolvado del incienso,
la modorra con que juzgan a los héroes
dulce la niña que mojó tus piernas con lágrimas sagradas
sin saber ella misma del hacha sobre el cuello
de las gotas negras que azotan los vientos de Estrimón.
Ni los dioses saben de este dolor de hembra
el grito que calla en la propia boca
el temor de las murallas ante el eco de la propia voz:
está vengada la muerte de dos niños con la de este hombre.
Tira la daga inmunda y regocíjate
hiciste bien mujer, hiciste bien.

DUELEME

Josefina Jiménez

Duéleme en los ojos
que ya no pueden verte
en los labios áridos
en la sequía incompasiva de mis días

Duéleme en la conciencia tardía
en la marca de tu cuerpo estampado en mi sábana
en mis amaneceres
pero sobre todo durante las noches vacías

Déjame
tu recuerdo cuando lo necesite
Duéleme
cuando tu recuerdo me persiga

Duéleme en la fatiga diaria
en las luces de neón
en las fotos y las películas
en las cartas destinadas al ocaso

Duéleme

en el perfecto silencio de la espera
en mi cotidiana apatía
en tus dedos largos
y mi nariz respirándote lejano

DOS POEMAS DE:
   CARLOS GUEVARA MORAN

MONOLOGO

Observo la perfección de este amanecer.
Desearía que tú estuvieras aquí
y te alegraras con este ritual
para conversar después
sobre el principio de las cosas
y sus transformaciones más profundas.
Desearía que no pertenecieras al pasado
y que nos quedaran todavía los días siguientes
y el amor desconocido inoculado
en nuestras venas.
Pero es tarde, tus raíces,
tus más sagradas funciones, la línea de tu
frente
han dejado de pertenecerme para siempre.
Eres ahora la ausencia y esa clase de cosas
que se encuentran en una esquina
o que hacen ruido lentamente al caminar
como un montón de tarros oscuros.
Sin duda, el primer descubrimiento de este día
no es tan inútil como tu recuerdo:
el viento se organiza entusiasmado
junto a los árboles,
la reflexion de los pájaros se interrumpe
y es imposible dejar de encariñarse
con uno mismo.
Sin cerrar los ojos me sumerjo en una especie
de sueño tranquilo, mientras la luz
se extiende ante mí como un océano
incontrolable

TALLER DORADO

Es domingo y estoy vivo
y considero el cielo
del invierno como
un cristal
y te miro
te miro
te miro
y quisiera saber qué
sienten tus entrañas
mientras la tarde
es bruscamente el mar
y sus sonidos
un tigre
reflejado en el espejo.
Cifra redonda
que recuerda un rumor.
Y nada más porque
cualquier otra cosa
es inútil
y porque crece
el corazón, crece,
y porque quiero llorar
sin fin y
para siempre
como un taller dorado.

RETRATO (CASA)

Alessandra Tenorio

Mi madre deshoja la lechuga
inocente al paso de los días.
Mi papá lee el periódico
buscando buenas nuevas
y mi casa es un pequeño bunker
contra bombas.
Con demasiados espejos mentirosos.
Con secretos bajo las losetas.
Mi casa es un altar para las almas
(por eso me persigno en las iglesias).
Mi abuelo tiene 99 años
ahora duerme
pero es un ciclón arrasa cosas.
Mi hermano ha crecido mucho
y es demasiado inteligente.
Mi casa,
donde siempre hay amigos y café
donde las paredes tienen micrófonos y audífonos
donde poner llave a la puerta es un pecado.
Mi casa,
donde se escribe mi vida
en los espacios blancos.
Es tan chica
tan grande
y tan chica de nuevo
que puedo quedar atrapada
entre sus cuartos
.
Y yo,
que a veces soy una sombra
encendiendo las luces
para llegar a algún lado.


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