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Del libro Katatay del escritor peruano José María Arguedas, una oda a Guayasamin. También el poema   
"Poiesis" de Ricardo Silva Santisteban: "/ Persigo la implacable sucesión de lo concreto /" y se   
completa la página con los poetas Nilton Santiago y Vedriano Lozano Achuy   
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POEMA EN QUECHUA DE:
   José María Arguedas

QUE GUAYASAMIN

¿Desde qué mundo, Guayasamin, tu fuerza se levanta?
Paloma que castiga
sangre que grita.
¿Desde qué tiempos se hicieron tus ojos que descubren
los mundos que no se ven,
tus manos que el cielo incendian?
Escucha, ardiente hermano,
El tiempo del dolor,
de los días que hieren,
de la noche que hace llorar,
del hombre que come hombres,
para la eternidad lo fijaste
de modo que nadie será capaz de removerlo,
lo lanzaste no sabemos hasta qué límites.

Que llore el hombre
que beba el suavísimo aliento de la paloma
que coma el poder de los vientos,
en tu nombre.
Wayasamin es tu nombre;
el clamor de los últimos hijos del sol,
el tiritar de las sagradas águilas que revolotean Quito,
sus llantos, que acrecentaron las nieves eternas,
y ensombrecieron aún más el cielo. No es solo eso:
el sufrimiento de los hombres en todos los pueblos;
Estados Unidos, China, el Tawantinsuyo
todo lo que ellos reclaman y procuran.
Tú, ardiente hermano
gritarás todo esto
con voz aún más poderosa
e incontenible que el Apurimac.
Está bien hermano,
está bien, Oswaldo.


POIESIS

Ricardo Silva Santisteban

Al huir del correr de mi sangre
Te persigo en el polvo
En las arenas
Y en los ríos
En imágenes subiendo y descendiendo por el aire
Con pájaros enloquecidos
Arboles sin hojas
Hojas sin palabras
Persigo la implacable sucesión de lo concreto
Cuando retorno al ser primario
Para escuchar el rumor de los manantiales interiores
Creo por tanto en la posesión de los cuerpos
Y en la extinsión de las almas
En el temblor de la luz
Cuando despunta el sol de un nuevo día
Ven pues multitud de sonidos
Y quiébrate en las mil aristas del sol y de la lluvia
Mi demonio poesía.

XXVIII

Nilton Santiago

Yo no sé si he muerto
O ha muerto el animal silencioso
Que por las mañanas acariciaba las estrellas
Antes de ponerse los zapatos o los ojos
Tal vez he muerto yo
Saberlo no es importante
Tal vez nunca he vivido como dice mi corazón
Ya que a veces cuando estoy triste
El cielo que se esconde
Bajo mi cama
Se pega a las paredes
Y a mi ombligo
Metiéndose en mi vientre
Y en mis bolsillos, entonces
Empieza a llover
En este cuerpo
En esta habitación
Que también es un animal muerto
O en estos dedos, en esta boca
Que solo es una boca
Y se me hace difícil dormir echado
Entonces me quito la ropa
Y la empiezo a besar como si fuera mi cadáver
Y viviese dentro de la lluvia
Donde permanece aún ese primer hombre que te vio
Y acarició tus huesos
Con la ternura de un animal
Que acaba de nacer
Hablándote de lo triste y de lo bello
Que es esconder un unicornio dentro de un árbol de mil años
Y jugar a oírlo hablar
Y luego te miraba
Y me mirabas
Y sonreíamos
Y llorábamos en el fondo
Entonces acababa de morir
Con el temor de una lágrima saliendo de tu mirada
Tus ojos ascendidos jugaban con los relámpagos de tu sombra
Del agua de Sol, blandos peces crecían sobre la tierra
Con la misma lluvia que crece de tu cuerpo
Con la lentitud con que tu rostro atraviesa mis manos
Y mi ombligo
Verde era tu sangre, tibia esposa
Ya se apresura la noche
Ardiendo bajo mis labios de yeso
Ya tienes tu música humana
Después el día la noche duermen al cerrar tus ojos
Y oyes tu cadáver dibujarse sobre las estrellas
Y tan calladamente tiemblan tus pies
Porque has guardado tu carne más helada para mis dedos
Mientras que tus miradas se escuchan como lágrimas por toda mi piel
Te he dejado todo mi cuerpo para que lo acabes o lo empieces
O para que lo ofrescas a tu cuerpo
Como un cuchillo que se ofrece a la piel
Pero sé que llevas prisa
Y no he venido a detenerte
Porque el hacerlo me haría perderte
Ya que mi sangre es pequeña y cobarde como el cielo
Y es cierto, porque tus grandes ojos como papeles de agua
Borran todo lo que ven
Y me has devuelto a la tierra
Donde bellos animales rojos o azules ladran con el corazón
o con el cuerpo, Mansas mujeres de huesos amarillos
Vestidas de peces o de aves
Porque te he visto dormir con tus párpados de alas invisibles
Te he visto tocarme
Atravesándome el cuerpo
Como si fuera un muerto que sigue muriendo
O una cicatriz que pasea inutilmente todo tu cuerpo
Donde un día despertamos tan callados y suaves
Como la transparente leche de tus senos
Que al caer sobre la tierra
Forma una sombra de carne y hueso
Con la que a veces me confundías
Pero ahora mi cuerpo
Sigue siendo el muerto enterrado en tu mirada
En mi leve y tierna carne de agua o de piedra
Porque me has tocado con las manos que un niño nos toca el lado
/ más oscuro del Cuerpo
Cuando mi sangre aún brillaba dormida
Tú eliges a la criatura que vive bajo mi piel
Tú eliges a mi padre y a mi madre
A mis testículos de agua salada
Tú eliges las heces que atraviesan mi cuerpo
O el Sol que muere entre mis piernas
¿Cuál es tu don criatura
Cuál es tu corazón
Que no lo necesitas para vivir o para dormir?
Pero sé que llegado el momento
Tu transparente sombra de piel oscura
Fugará buscando tu cuerpo
Y ya mis ojos regresarán sin tu mirada
Ya la muerte vendrá batiendo tus alas
¿Qué eres si para tenerte solo basta con mirar al cielo?

De El Libro de los Espejos

Tres

Vedriano Lozano Achuy

Las tazas sobre el mantel...
Té para tres.
Soda Stereo

1er. Movimiento: Dédalo

La noche es la cicuta que bebemos bajo nubes de neón.
El viento sopla sobre mi rostro el aroma
de la muerte.
Existe un túnel de sombras más allá de mis ojos.
He visto arder la luna entre cristales desnudos.
Oh Perséfone
devuélveme la vida de un muerto,
devuélveme el sonido de las crepitaciones sordas.
He volado sobre el sol sin quemar mis alas.

2do. Movimiento: Caronte

Regreso vencido del Hades.
El desierto se va poniendo viejo
como el fuego que se levanta a orillas del Leteo.
Me cansé de rodar.
Aquí estoy
sin saber mi nombre
¿cómo se supone que voy a vivir si no puedo sentir el tiempo?
Este lugar sigue con su hedor negro de muerte.

3er. Movimiento: Homero

Sintió ganas de llorar
al enterarse que nunca escribió nada,
que nunca fue un poeta iluminado.
Abrió sus ojos blancos y sentenció:

"Quizás la soledad es para los que madrugan.
Cada vez que cierro los ojos
me convenzo que la noche
y todo su silencio no me pertenecen.
Miro mi cara en el espejo para saber quien soy".

Posludio

El polvo es parte de una historia
escrita en algún lugar de los infiernos.

De Fuegos Fatuos


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