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poetas peruanos - poema La pastora florida del poeta puneño, Alejando Peralta.  
Figuran también: Leo Zelada, Ladislao Plasencki, Willy Gómez e Isabella Fendi  
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LA PASTORA FLORIDA

Alejandro Peralta

Los ojos golondrina de la Antuca
se van a brincos sobre las quinuas.

Un cielo de petróleo echa a volar 100 globos de humo.

Picoteando el aire caramelo
evoluciona una escuadrilla
de aviones orfeónidas.

Hacia las basílicas rojas
sube el sol a rezar el novenario.
Sale el lago a mirar las sementeras.
El croar de las ranas se punza en las espigas.

Los ojos de la Antuca
Se empolvan al pasar por los galpones.

Ha guturado la campana
el asma tatarabuela del pueblo
din-don, diin-doon,
como tijeras de trasquila
se ha hundido en el vellón de las ovejas.

Pobre Antuquita,
todo el día detrás de la majada.
Hecha un ovillo sobre las piedras,
se ha ido tan lejos.
Se va a quedar en media pampa,
acorralada entre los cerros.

El barro de los fangos
ha ensuciado el campo bengala de tus ojos.
¡Para qué habrá ido sola al pastoreo
con tantos duraznos abridores
y las caderas reventonas!
Tiene la boca llena de tierra quemante,
un kelluncho le brinca sobre los parietales.

Bajo un kolli pordiosero
ha hecho acrobacias locas en el Silvico
en el trapecio de los nervios.

Y se han sajado las carnes
y han hecho cantar la honda.

Los ojos golondrinas de la Antuca
se van
planeando
por las cabañas.


POEMAS ORIENTALES
Gu tishi para el maestro Li-Bai

Leo Zelada

«Caminando debajo de los cielos
zigzaguean mis pasos en amarillas azucenas
el resplandor de la luna cae ahora preciso en tu pálido rostro
y levanto la cabeza pues acompañado de ti, Li bai, he olvidado mis penas».

Gu ti shi sobre el sendero de plata en el crepúsculo

Pequeña mía, me preguntas ¿por qué es que vivo rodeado de murallas?
Y atenuando mi amargura—milenaria—te respondo sin mover los labios:
«Los círculos de fuego, ¡hermosa ninfa!,
destruyen los bosques para ser sabios».

Yuefu para el inmortal desterrado

«Bebo acompañado sólo de tus versos, venerable Li-Tai-Po,
porque sé que con el vino me llevarás contigo ante los dioses
aunque sólo sea un hombre sin sombra y sin reflejo de la luna en mi copa
pues tú sabio anacoreta con tu lira me conduces más allá de los montes
al final de los inviernos»

Sijo del amor

Una gota de lluvia, cae en tu nariz, transparente como el cuarzo
y se diluye tenue en la comisura de tus labios
¡Beatrice! Tú iluminas de arco iris mis párpados!

Sijo del viaje

Me detengo a contemplar el reflejo del sol en el océano.
¿Creeré aún en el señor de los espejos?
¡Avanza! ¡Por la ruta del dragón!
que atraviesa como línea dorada las aguas

Hyangga de la sabiduría

En el centro de la iluminación
tu verbo se extendió como caballo lila
en el poniente
sin despedirte
tu sangre tiñó de escarlata
el bouquet unívoco de mis palabras
aunque varios otoños han pasado desde entonces
Mis pupilas aún se mantienen brillosas.
¡Poesía!, tu voz aún repica en mi memoria.


TIEMPO DE ESPINAS

Ladislao Plasencki

Las tres monedas que nos dio el destino multiplicarán la sal de la
tierra.
Con mucho sudor a pencas a foetazos
así en el campo entre zorros
en la fonda del barrio.
¿De qué valen las monedas ahora? Tal vez nada en medio del
mar la luna nueva las huacas
los sampedros la noche desértica.
Sólo esperamos por siglos el verdor de las piedras el arenal
florido de algarrobos
achupallas siemprevivas papelillo.
¿Y qué vemos en la loma? Un poco de neblina algunos brotes de
zapote pepinos maní
el infalible cacto rastrero.
Entonces acudimos a la fábrica de latas botellas papeles
automotores telas cueros.
Ahí pasamos la Década Prodigiosa con mucho amor a tuercas
y discos a filo de betlemanía.
Pero nada de semillas almendras ni botones de rosa ni la esperada
danza de la lluvia.
¿Será posible que haya tanta hiel en el ambiente?
Seguro que daremos vuelta a la duna: ahí estarán los viejos doblones
brillando al sol.
Haremos fogata de aucalipto y crecerán nuevos lirios.


HISTORIA DE UNA CANCIÓN INAMISIBLE

Willy Gomez Migliaro

Renegando y con el fuete sobre nuestras espaldas,
Chachapuya aún es el reino que tensa los arco iris.
La tierra es muerta, los Dioses fregados,
Y sé que para dentro de cien años todo Esto será Roma antigua
O tal vez de aquí a doscientos años esta tierra muerta sea
Un panteón de huesos abrazando las plagas
Y nuestros cuerpos desnudos, sucios y afiebrados, buscarán el cielo,
La única morada que nos guardará entre sus flores.
Todavía vivimos con nuestros padres y obedecemos sus leyes
Aunque crean que sonreír por cada muerte sea saludable.
Por ejemplo, Ella, a quien llamamos hermana, hembra o madre,
Pide permiso para su entrega,
¿Quién no la vio después atada a las patas de una horrible cama de fierro?
Ya nos estamos aburriendo de esperar la muerte.
Ya nos estamos aburriendo de los estrangulamientos en nuestra piel,
Carne manantial de un país olvidado.
Sin embargo, a veces, hay algo que nos ilumina cuando el sol,
Bajo su cristal de ceniza, erotiza nuestras mentes:
Unos empiezan desde sus pies con la siembra, otras desde sus manos
Con la orfebrería, mientras los más viejos, asustados de sus deseos
Cantan las historias del antiguo Perú.
Y esa es la comunión, la magia que arde azul para no dormir vacíos,
Y así al día siguiente tenemos valles limpios, alimentos, baratijas de oro
Y más deseos de encontrarnos protegidos en la carne del amor;
Entonces podemos expiarnos uno a uno y reírnos hasta cuando nuestro
Padre, medio sonámbulo, saliendo de la niebla, se frota el pecho y
Silba agua de los ríos o cuando alguien -el Poseso- regresa con
Una nueva música de las aves que no sobrevolaron este cielo eterno.
Para dentro de cien años todo Esto será Roma antigua,
Los Reyes, los Generales y los Sirvientes
Habitarán nuestro goce entre la medianoche y la aurora anunciándose.
Las estaciones serán desfavorables.
¡Vendrá la mar, vendrá la mar!
Y detrás de nuestros cuerpos muertos
Otra historia.


ME TOCARAS COMO UN PIANO

Isabella Fendi

       Amor mío,
me tocarás como a un piano
y en las sombras
agradeceré ser tu musa.
Canción de cuna,
insondable estrella: tu pasión.
Tu caricia más profunda
que tu adiós.
Clamaré en tu ausencia insoportable.
Eres la fuente de mi tiempo,
vaivén de la cálida memoria.
Tu adiós es un estallido sonoro
que invade las fronteras
de mi historia.
No seremos esta vez los héroes
cuando el amanecer ataque.

Amor mío,
me tocarás como a un piano
y en las sombras
agradeceré ser tu musa.


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